Alison MacGregor
Claire
sonrió, acercó la boca a la de su compañero, la besó, y mordió suavemente su
labio inferior. La idea que moraba en su mente era de lo más tentadora, por lo
que, riendo, susurró:
-Esta noche, cumplirás una de mis
fantasías.
Riendo,
sacó su lengua y la pasó por los labios de Christian, lamiéndolos hasta que lo
tuvo jadeando. En el momento que eso ocurrió, Claire se levantó de la cama y se
fue hacia el baño, sonriendo en dirección al hombre desnudo envuelto en sábanas
de seda.
Dentro
del baño, cogió las medias del armario, introduciéndolas por sus pies, subiendo
por sus piernas hasta ajustarlas en sus muslos. Esa era la única prenda que
necesitaba para enloquecer a Christian, para que la deseara como a ninguna otra
mujer. Después, cogió el látigo del armario, enredándolo en sus manos,
mostrando los nervios que se apoderaban de ella.
Nunca
había tomado las riendas en la cama de esa forma, ni tampoco había intentado
imponerse a él, sin embargo, deseaba hacerlo, un instinto que provenía de su
interior se lo exigía con fuerza.
Abrió la puerta del baño, entró en la
habitación, y, al instante, se encontró con la oscura mirada de Christian. Este
la miraba de arriba abajo, explorando cada centímetro de su piel con asombro,
incapaz de creer que Claire intentara llevar a cabo su dominación.
-¿Realmente
crees que no me resistiré, Claire?-preguntó, arqueando las cejas con
arrogancia, desafiándola.
Su
garganta se cerró por unos instantes, pero solo hasta que vio brillar el
desafío en sus ojos oscuros, retándola a conseguirlo.
-Sí, si no quieres sufrir,
Christian.-respondió, sonriendo con perspicacia. Cortó la próxima réplica de
Christian, añadiendo.- ¿Quieres seguir hablando, o prefieres deleitarte con la
visión de mi cuerpo?
Susurrando
sus palabras, giró sobre sí misma, ofreciéndole una fantástica visión de su
trasero cremoso. Al momento, sintió las fuertes manos de Christian sobre su
cintura, dándole la vuelta hacia él, y tomando su boca con desenfreno. Alzó su
cuerpo contra él, levantándola del suelo, y llevándola hacia la cama,
tumbándola sobre él.
Claire
gimió cuando sus caderas se pegaron a las de Christian, así como su pecho al de
él, provocándole con el vello negro de su cuerpo. Soltó el látigo sobre la cama
y llevó su mano derecha a su cuello, tomando el control del beso, introduciendo
la lengua en la cavidad húmeda de su boca. Necesitaba debilitar su fuerza,
quitarle su voluntad, hacerle suyo por completo.
Sus
labios descendieron hacia su cuello, lamiéndolo, mordiéndolo, y absorbiéndolo,
enloqueciéndolo como sabía que lo haría.
-¿Seguro que no quieres someterte a
mí? ¿Que haga contigo lo que deseé? ¿O que te utilice a mi antojo?-le susurró,
chocando las palabras con la piel húmeda de su cuello, y añadió.- Dime,
Christian, ¿no deseas ser mío?
-¡Dios, Claire!-jadeó, inconsciente
de sus acciones.-Haz conmigo lo que desees, soy tuyo.
Sonrió,
satisfecha por la sumisión de Christian. Rápidamente, sacó cuatro cuerdas de
cuero del armario, y, cogiendo sus muñecas, comenzó a atarlo al cabecero de la
cama, asegurándose de que no pudiera soltarse por sí solo. Sin embargo, en el
momento que fue a atarle los pies, Christian salió del estupor en el que se
encontraba, e intentó resistirse, pero fracasó, ya que estaba indefenso sin
poder utilizar sus manos y su fuerza.
Claire
rió divertida, no sabía que podía gustarle tanto someter a un hombre a sus
deseos. En respuesta, Christian frunció el ceño, exigiéndole sin palabras que
lo soltara, necesitaba ser él quien controlara la situación.
Por
último, cogió el antifaz del armario, y, a pesar de la oposición de Christian,
se lo puso, volviendo la habitación oscura para él. El antifaz hacía que
centrara la atención en sus labios, pidiéndole que los besara. Y así lo hizo
ella, agachó su boca hasta que entró en contacto con la de Christian,
lamiéndola delicadamente.
-¿Qué vas a hacerme, Claire? ¿Por
qué me pones este antifaz? ¿Qué es lo que no quieres que vea? ¿Por qué no,
simplemente, apagas la luz?-preguntó Christian, expectante, y nervioso,
evidenciando que él nunca era el sumiso, sino el dominante, el que jugaba con
ella.
-No se trata de lo que no quiero que
veas, Christian.-respondió Claire, sonriendo, y añadiendo.-Se trata de lo que
quiero ver yo, deseo deleitarme con la visión de tu cuerpo desnudo, tenso y
expectante.
La
erección que había entre sus piernas, acaparó la atención de Claire, quien se
lamía los labios, deseosa de seguir con el juego. El silencio se adueñó de la
habitación, escuchándose, únicamente, la respiración acelerada de Christian,
quien esperaba expectante la actuación de Claire. Esta observó su cuerpo
durante cinco minutos, cinco minutos que fueron una eternidad para él,
sintiendo cómo su cuerpo se tensaba, deseoso de las caricias de Claire, de sus
besos.
Claire,
de pie frente a la cama y el cuerpo desnudo de él, extendió la mano hacia su
boca, pasando sus dedos por su labio inferior, introduciéndolos en la cavidad
húmeda de su boca. En el mismo instante, Christian clavó sus dientes sobre
ellos, manteniéndolos presos. Ante eso, Claire bajó hasta el lóbulo de su
oreja, lo mordió con fuerza hasta que sintió cómo los propios dientes de
Christian soltaban su agarre.
Claire
comenzó a bajar la mano húmeda por su pecho, descendiendo por su estómago,
enredándose en el vello negro. Comenzó a respirar junto a su oído, provocándole
junto al deslizamiento de su mano. Christian gimió, siendo ese acto música para
los oídos de Claire. La mano de esta siguió su camino, pasando por su ombligo
hasta llegar al vello de su entrepierna, donde decidió enredarse, provocando el
endurecimiento de su miembro.
Christian
creía que seguiría avanzando hasta tocar su polla, que por fin tocaría lo que
más deseaba, sin embargo, su mano desapareció, dejando su cuerpo en la
desesperación. La locura se estaba apoderando de él, su cuerpo brillaba en
sudor, la oscuridad impuesta era su perdición. Sus gemidos y súplicas reinaban
en la silenciosa habitación.
Claire
estaba atrapada por el tamaño y el grosor de la polla de Christian, incapaz de
pensar más allá de aquella imagen. Se sentó en la cama, arrastrándose hasta
colocarse entre sus piernas abiertas, donde, hipnotizada, comenzó a acariciar
con las yemas de sus dedos la cabeza de su polla. La respiración entrecortada
de Christian la invitaba a seguir, por lo que no tardó en seguir deslizando los
dedos por toda su longitud.
Inesperadamente,
su mano se cerró sobre su miembro, arrancándole un gemido a Christian, y, sin
darle tiempo a pensar, su cabeza bajó hacia ella, saliendo su lengua al
encuentro con su carne. Sabía lo que tenía que hacer para hacerle disfrutar aún
más, por lo que su lengua comenzó a hacer remolinos sobre la punta, mientras su
pulgar acariciaba el frenillo de su miembro.
Christian
se ahogaba en un mar de sensaciones, de donde no podía emerger, estrellándose
una y otra vez con el puro placer de sentirla, a ella, a Claire.
Claire
bajó con su lengua por toda su longitud, llegando a la base de la misma, para
volver a ascender, mordisqueando suavemente cada centímetro de su piel. La
tentación era irresistible, por lo que en tan solo un instante, introdujo su
polla por completo, llevándola hasta el fondo de su garganta. Los gruñidos que
escapaban de Christian, junto a los gemidos de placer de Claire, provocaban el
descontrol de ambos.

Desenfrenados, Christian comenzó a mover sus
caderas, y Claire aumentó la presión sobre su presa, intentando sacar todo de
ella, obtener la misma esencia de su amante. La noria de sensaciones de
Christian aumentaba, deshaciéndose en pedazos en el instante de su explosión.
Claire
tomó todo lo que le ofreció su miembro, hasta la última gota de pasión. Sin
embargo, su esencia se derramaba por sus labios, incapaces de contener tal
cantidad de deseo. No le importaba, necesitaba sentir a Christian por su
cuerpo.
Todo
terminó, mientras la risa agotada de ambos flotaba en el aire.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Por favor, se prudente y piensa antes de opinar. Respeta el trabajo de los autores y no ofendas con comentarios impropios.
Nos alegra tu opinión y deseamos leerte pronto.