jueves, 18 de abril de 2013

Completamente suyo

Alison MacGregor

Claire sonrió, acercó la boca a la de su compañero, la besó, y mordió suavemente su labio inferior. La idea que moraba en su mente era de lo más tentadora, por lo que, riendo, susurró:
            -Esta noche, cumplirás una de mis fantasías.
Riendo, sacó su lengua y la pasó por los labios de Christian, lamiéndolos hasta que lo tuvo jadeando. En el momento que eso ocurrió, Claire se levantó de la cama y se fue hacia el baño, sonriendo en dirección al hombre desnudo envuelto en sábanas de seda.
Dentro del baño, cogió las medias del armario, introduciéndolas por sus pies, subiendo por sus piernas hasta ajustarlas en sus muslos. Esa era la única prenda que necesitaba para enloquecer a Christian, para que la deseara como a ninguna otra mujer. Después, cogió el látigo del armario, enredándolo en sus manos, mostrando los nervios que se apoderaban de ella.
Nunca había tomado las riendas en la cama de esa forma, ni tampoco había intentado imponerse a él, sin embargo, deseaba hacerlo, un instinto que provenía de su interior se lo exigía con fuerza.
Abrió la puerta del baño, entró en la habitación, y, al instante, se encontró con la oscura mirada de Christian. Este la miraba de arriba abajo, explorando cada centímetro de su piel con asombro, incapaz de creer que Claire intentara llevar a cabo su dominación.
-¿Realmente crees que no me resistiré, Claire?-preguntó, arqueando las cejas con arrogancia, desafiándola.
Su garganta se cerró por unos instantes, pero solo hasta que vio brillar el desafío en sus ojos oscuros, retándola a conseguirlo.
            -Sí, si no quieres sufrir, Christian.-respondió, sonriendo con perspicacia. Cortó la próxima réplica de Christian, añadiendo.- ¿Quieres seguir hablando, o prefieres deleitarte con la visión de mi cuerpo?
Susurrando sus palabras, giró sobre sí misma, ofreciéndole una fantástica visión de su trasero cremoso. Al momento, sintió las fuertes manos de Christian sobre su cintura, dándole la vuelta hacia él, y tomando su boca con desenfreno. Alzó su cuerpo contra él, levantándola del suelo, y llevándola hacia la cama, tumbándola sobre él.
Claire gimió cuando sus caderas se pegaron a las de Christian, así como su pecho al de él, provocándole con el vello negro de su cuerpo. Soltó el látigo sobre la cama y llevó su mano derecha a su cuello, tomando el control del beso, introduciendo la lengua en la cavidad húmeda de su boca. Necesitaba debilitar su fuerza, quitarle su voluntad, hacerle suyo por completo.
Sus labios descendieron hacia su cuello, lamiéndolo, mordiéndolo, y absorbiéndolo, enloqueciéndolo como sabía que lo haría.
            -¿Seguro que no quieres someterte a mí? ¿Que haga contigo lo que deseé? ¿O que te utilice a mi antojo?-le susurró, chocando las palabras con la piel húmeda de su cuello, y añadió.- Dime, Christian, ¿no deseas ser mío?
            -¡Dios, Claire!-jadeó, inconsciente de sus acciones.-Haz conmigo lo que desees, soy tuyo.
Sonrió, satisfecha por la sumisión de Christian. Rápidamente, sacó cuatro cuerdas de cuero del armario, y, cogiendo sus muñecas, comenzó a atarlo al cabecero de la cama, asegurándose de que no pudiera soltarse por sí solo. Sin embargo, en el momento que fue a atarle los pies, Christian salió del estupor en el que se encontraba, e intentó resistirse, pero fracasó, ya que estaba indefenso sin poder utilizar sus manos y su fuerza.
Claire rió divertida, no sabía que podía gustarle tanto someter a un hombre a sus deseos. En respuesta, Christian frunció el ceño, exigiéndole sin palabras que lo soltara, necesitaba ser él quien controlara la situación.
Por último, cogió el antifaz del armario, y, a pesar de la oposición de Christian, se lo puso, volviendo la habitación oscura para él. El antifaz hacía que centrara la atención en sus labios, pidiéndole que los besara. Y así lo hizo ella, agachó su boca hasta que entró en contacto con la de Christian, lamiéndola delicadamente.
            -¿Qué vas a hacerme, Claire? ¿Por qué me pones este antifaz? ¿Qué es lo que no quieres que vea? ¿Por qué no, simplemente, apagas la luz?-preguntó Christian, expectante, y nervioso, evidenciando que él nunca era el sumiso, sino el dominante, el que jugaba con ella.
            -No se trata de lo que no quiero que veas, Christian.-respondió Claire, sonriendo, y añadiendo.-Se trata de lo que quiero ver yo, deseo deleitarme con la visión de tu cuerpo desnudo, tenso y expectante.
La erección que había entre sus piernas, acaparó la atención de Claire, quien se lamía los labios, deseosa de seguir con el juego. El silencio se adueñó de la habitación, escuchándose, únicamente, la respiración acelerada de Christian, quien esperaba expectante la actuación de Claire. Esta observó su cuerpo durante cinco minutos, cinco minutos que fueron una eternidad para él, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba, deseoso de las caricias de Claire, de sus besos.
Claire, de pie frente a la cama y el cuerpo desnudo de él, extendió la mano hacia su boca, pasando sus dedos por su labio inferior, introduciéndolos en la cavidad húmeda de su boca. En el mismo instante, Christian clavó sus dientes sobre ellos, manteniéndolos presos. Ante eso, Claire bajó hasta el lóbulo de su oreja, lo mordió con fuerza hasta que sintió cómo los propios dientes de Christian soltaban su agarre.
Claire comenzó a bajar la mano húmeda por su pecho, descendiendo por su estómago, enredándose en el vello negro. Comenzó a respirar junto a su oído, provocándole junto al deslizamiento de su mano. Christian gimió, siendo ese acto música para los oídos de Claire. La mano de esta siguió su camino, pasando por su ombligo hasta llegar al vello de su entrepierna, donde decidió enredarse, provocando el endurecimiento de su miembro.
Christian creía que seguiría avanzando hasta tocar su polla, que por fin tocaría lo que más deseaba, sin embargo, su mano desapareció, dejando su cuerpo en la desesperación. La locura se estaba apoderando de él, su cuerpo brillaba en sudor, la oscuridad impuesta era su perdición. Sus gemidos y súplicas reinaban en la silenciosa habitación.
Claire estaba atrapada por el tamaño y el grosor de la polla de Christian, incapaz de pensar más allá de aquella imagen. Se sentó en la cama, arrastrándose hasta colocarse entre sus piernas abiertas, donde, hipnotizada, comenzó a acariciar con las yemas de sus dedos la cabeza de su polla. La respiración entrecortada de Christian la invitaba a seguir, por lo que no tardó en seguir deslizando los dedos por toda su longitud.
Inesperadamente, su mano se cerró sobre su miembro, arrancándole un gemido a Christian, y, sin darle tiempo a pensar, su cabeza bajó hacia ella, saliendo su lengua al encuentro con su carne. Sabía lo que tenía que hacer para hacerle disfrutar aún más, por lo que su lengua comenzó a hacer remolinos sobre la punta, mientras su pulgar acariciaba el frenillo de su miembro.
Christian se ahogaba en un mar de sensaciones, de donde no podía emerger, estrellándose una y otra vez con el puro placer de sentirla, a ella, a Claire.
Claire bajó con su lengua por toda su longitud, llegando a la base de la misma, para volver a ascender, mordisqueando suavemente cada centímetro de su piel. La tentación era irresistible, por lo que en tan solo un instante, introdujo su polla por completo, llevándola hasta el fondo de su garganta. Los gruñidos que escapaban de Christian, junto a los gemidos de placer de Claire, provocaban el descontrol de ambos.

Desenfrenados, Christian comenzó a mover sus caderas, y Claire aumentó la presión sobre su presa, intentando sacar todo de ella, obtener la misma esencia de su amante. La noria de sensaciones de Christian aumentaba, deshaciéndose en pedazos en el instante de su explosión.
Claire tomó todo lo que le ofreció su miembro, hasta la última gota de pasión. Sin embargo, su esencia se derramaba por sus labios, incapaces de contener tal cantidad de deseo. No le importaba, necesitaba sentir a Christian por su cuerpo.
Todo terminó, mientras la risa agotada de ambos flotaba en el aire.


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